| Tulipe, historia y leyenda |
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Sábado, 06 de febrero del 2010 Por la vía Calacalí-La Independencia, pasando Nanegalito, en el kilómetro 60, hay un rótulo grande que anuncia el desvío a la comunidad y al museo de sitio. Seguramente la posibilidad de revivir historias ancestrales o descubrir los secretos del pueblo Yumbo, hacen que 350 visitantes acudan cada fin de semana a Tulipe. Una zona reconocida a nivel mundial por los vestigios arqueológicos que dejó esta población, que desapareció en el año 1660 después de que una erupción del volcán Pichincha cubriera la zona con 30 centímetros de ceniza volcánica y desaparecieran sus cultivos y gran parte de sus tolas (lugares donde habitaban). Los viajeros caminan 100 metros y cruzan un puente. Una planicie cubierta de pasto esconde las seis piscinas ceremoniales, que se supone fueron centros de iniciación de sacerdotes y caciques Yumbos. Las dos primeras son rectángulos perfectos con gradas de acceso y una rampa para que baje el agua hasta el fondo. Ingresar no se puede, pero desde el borde de las piscinas se ve el tipo de construcción que los arqueólogos no restauraron. Pese al paso del tiempo y al deterioro que sufrieron después de que los nuevos habitantes llegaron, la construcción se mantenía casi intacta. Estas piscinas rectangulares tal vez fueron utilizadas para ceremonias de bautizos y de purificación. Continúa el sendero ecológico, lleno de árboles tropicales y orquídeas. El olor de las hermosas flores y el canto de las aves dura hasta que termina la caminata. Un día de suerte para los viajeros, pues una orquídea “sobralia” se muestra imponente junto al sendero. En el camino, mosquitos y zancudos tropicales hacen de las suyas con los brazos descubiertos; por suerte, una planta de platanillo medicinal está junto a un pequeño sitio de descanso, un poco del polvo blanco que cubre el tallo se aplica. La comezón y la mordida desaparecen de inmediato. |
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